Crítica de la película "Fresas y Chocolate" (Strawberry and Chocolate) Esta película, filmada en La Habana y dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, es una producción del Instituto Cubano de las Artes e Industria Fílmica, co-producida por IMCINE y Tabasco Films de Mexico, y Telemadrid y SGAE de España. La película está presentada por Robert Redford y Miramar Films. La acción ocurre en 1979, diez y seis años atrás, y esto se nota, entre otras cosas, por los viejos automóviles que aún circulaban por las calles de La Habana y porque aún había quien creyera las mentiras de Castro. También es evidente que algunas personas conseguían comestibles y licores valiéndose del amiguismo y conexiones con gente de la nueva clase, y hasta con vigilantes de los comités de barrios quienes se ubican en ciertos lugares de la barriada para vigilar a los vecinos. Nancy, una de estas vigilantes, vive en el mismo edificio que Diego, un maricón a quien las autoridades tienen señalado por no asistir regularmente al trabajo ni pertenecer a organizaciones comunistas. Nancy sabe que no debe perderle de vista, pero eso no le impide llamarle "Dieguito" y conseguirle botellas de fino whisky para que él pueda agasajar a sus amantes. Con eso ella agradece las veces que él ha tenido que llevarla al hospital por sus intentos de suicidio, los que se producen durante los ataques depresivos que ella sufre frecuentemente. La sangre ligera de los cubanos y la válvula de escape de su humorismo va creando una manera jocosa de sobrellevar la dureza de la vida y de entenderse entre ellos, sin que las ideas políticas opuestas ni el temor al G-2 puedan destruir su expontaneidad. En un café al aire libre donde se venden helados, Diego se sienta a la mesa con un joven a quien ha venido siguiendo por sentir gran atracción hacia él. Valiéndose de pretextos lo lleva a su casa para seducirlo, pero nada logra porque el joven David no tiene las mismas tendencias sexuales. En medio de su conversación, que salpica con dichos y modismos del folklore popular, y los expresa con la entonación típica de los afeminados, le enseña las esculturas del Redentor y los Santos que están por toda la casa, como para que no haya divergencia entre su estilo de vida y la religión. Pero las esculturas, hechas por su amante Germán, van a ser presentadas en una exposición fuera de Cuba, dice Diego, y ellos están en contacto con la Embajada de ese país. David no quiere trato alguno con gente de esas preferencias sexuales y sale bruscamente de allí con la intención de no volver. Pero, se le ocurre contarle esa experiencia a un compañero de la juventud comunista y éste le dice que tiene que volver a casa de Diego para sonsacarle lo que hay detrás de lo que parece una conspiración contra-revolucionaria. En esas visitas, David va conociendo otro lado de la personalidad de Diego, quien ama la literatura, la poesía, la música..y se rebela contra un sistema que constriñe su libertad y trata de asfixiar el arte que no es aprobado por el gobierno. David trata de que Diego vuelva al buen redil queriéndolo convencer con los clichés de Castro, de que "no quieren intervención americana ni extranjera y hay que defender la libertad que ahora disfrutan," sin darse cuenta el pobre de que esa libertad no existe, y la única intervención que deben temer es la del gobierno comunista que interviene en vidas y haciendas. Para abrir los ojos, David sólo tuvo que enterarse de que la exposición de esculturas ha sido cancelada y Diego expulsado del país por el único delito de querer vivir su vida y no someterse a las exigencias del gobierno. Ama a Cuba, pero quiere vivir en un lugar donde nadie haga decisiones por él y pueda ejercer el derecho inalienable de decidir su propia vida. Diego tiene más agallas de lo que nadie hubiera pensado. David se da cuenta que detrás de la vida de pecado de Nancy, quien ejerce la prostitución para "ir viviendo", hay un lado puro donde el amor y la ternura pueden brotar sin que la mecanización de un sistema materialista lo hayan deshumanizado. Nancy se enamora de David y se siente limpia para unirse a él, como ella misma se lo explica a la Virgen de la Caridad del Cobre que tiene en su cuarto y con quien sostiene argumentos muy terrenales. Y como si la ayuda que pide a la Virgen para que le traiga a David no fuera suficiente, la refuerza con visitas al santero. Cuando llega el momento de la partida de Diego al exilio, el abrazo de despedida que David le da es muy revelador de lo que pasa por su mente. Ahora comprende que hay derechos intrínsicos que persisten aún bajo las más férreas dictaduras y que es inútil el tratar de asfixiarlos. El derecho de pensar, conducirse y decidir por sí mismo forma parte de la naturaleza humana y no puede ser controlado por fuerzas externas sin provocar rebeliones y sublevaciones.